El 99 % de las marcas sabe que el largo plazo funciona, pero solo el 35 % aplica una estrategia always-on

El mercado del marketing de influencia ha superado ya la barrera de los 32 000 millones de dólares en este año 2026. Las inversiones crecen, los equipos se estructuran y las herramientas se multiplican. Sin embargo, en el corazón de esta aparente madurez, persiste una paradoja: la inmensa mayoría de las marcas sigue gestionando sus campañas de manera fragmentada, acción por acción, sin un hilo conductor ni continuidad analítica.
Con demasiada frecuencia se sigue oponiendo la «cultura del ROI» de las direcciones de marketing a la «culture de la imagen» de los creadores, como si fueran dos mundos irreconciliables. Este sesgo responde a una lectura obsoleta. El sector no sufre hoy en día un déficit de convicción, sino un déficit de ejecución. Según el informe Archive, aunque el 99 % de las marcas reconoce la superioridad de las colaboraciones a largo plazo, solo el 35,3 % de ellas da realmente el paso. ¿Por qué los responsables de la toma de decisiones siguen haciendo en la práctica lo contrario de lo que saben que es estratégicamente eficaz?
Fidelizar a los creadores a largo plazo
Durante años, la influencia ha sido el escenario de un diálogo de sordos: por un lado, anunciantes exigiendo un «ROI» inmediato; por el otro, creadores protegiendo su línea editorial como un bastión sagrado. El modelo de campañas puntuales o one-shot no es una elección meditada, es una confesión de impotencia operativa. Bajo la apariencia de planes anuales, muchas empresas alinean en realidad un calendario de acciones comerciales camuflado: un momento fuerte en enero, un lanzamiento en marzo, una campaña para las fiestas. En cada hito se vuelve a empezar desde cero: nuevo casting, nuevas negociaciones, nuevos briefings.
Este modelo de eterno retorno beneficia sobre todo a quienes venden las campañas, no a quienes construyen una marca. Cuesta caro en tiempo, diluye el aprendizaje acumulado y penaliza el rendimiento. Por el contrario, una estrategia always-on (continua) genera un valor acumulativo. El estudio de TopRank Marketing / Sprout Social revela que los equipos que prescinden de ella tienen 17 veces más probabilidades de considerar que sus campañas son ineficaces. La regularidad es, sin embargo, un arbitraje matemático virtuoso: las colaboraciones duraderas generan un 70 % más de engagement, mientras que el 71 % de los creadores adaptan sus tarifas a la baja para los proyectos que se sostienen en el tiempo.
No se trata de oponer la continuidad a las campañas estacionales; ambos enfoques son complementarios. La verdadera jugada maestra consiste en construir una base fija de creadores comprometidos durante todo el año para nutrir la notoriedad de fondo y, posteriormente, intensificar los recursos durante los picos comerciales. La acción puntual se vuelve entonces mucho más eficiente, ya que el creador domina los códigos de la marca y su audiencia ha estado expuesta a ella de manera orgánica.
La imagen no es un capricho, es el combustible del ROI
El segundo freno para esta racionalización es de carácter cultural. Ver la «cultura de la imagen» de los creadores como un caprice estético es un error fundamental. La autenticidad de un autor no es un concepto abstracto: es su activo principal y el motor del propio engagement.
Un creador atrapado en un briefing demasiado directivo pierde aquello que lo hace valioso. La ironía de la historia es que los resultados que las marcas buscan dependen directamente de la libertad creativa que a veces dudan en conceder. Frenar la imagen significa, mecánicamente, sabotear el propio retorno de la inversión. Esto no es una opinión; es lo que demuestran los datos en cuanto la medición supera la atribución simplista al último clic.
La influencia orientada a notoriedad (brand) y la influencia enfocada a conversión (performance) no son dos silos herméticos. Deben abordarse de forma holística, bajo un mismo marco de medición, para crear un bucle de retroalimentación continua: la creatividad alimenta la conversión y los datos de conversión afinan la trayectoria creativa.
La infraestructura como traductor universal
Por tanto, el verdadero punto de fricción no es filosófico, sino terminológico. Sufrimos la falta de un lenguaje común. Las marcas hablan en costes de adquisición y tasas de conversión; los creadores hablan en comunidad y coherencia editorial. Mientras no dispongamos de herramientas de gestión capaces de traducir estos dos mundos en una lectura compartida, cada parte se mantendrá a la defensiva.
El papel de la tecnología no es controlar la creación, sino construir la infraestructura de confianza (tanto técnica como jurídica) que permita medir la contribución al negocio en todo el embudo (full-funnel), santificando al mismo tiempo la libertad de ejecución. Solo bajo esta condición cambia la naturaleza de la relación. Cuando el creador visualiza el impacto real de su trabajo en la facturación, deja de ser un simple proveedor creativo: se convierte en un socio de crecimiento.
El mercado atraviesa un punto de inflexión. Los movimientos recientes documentados por eMarketer confirman que la mayoría de las inversiones están migrando hacia modelos de colaboración continuos. El sector se está polarizando entre quienes construyen una infraestructura para desplegar una estrategia always-on y quienes siguen apilando acciones inconexas.
Dos preguntas para la reflexión
La cuestión ya no es saber si la influencia funciona, sino si tu manera de ponerla en práctica está diseñada para durar. Para averiguarlo, cualquier directivo debería plantearse estas dos preguntas de diagnóstico:
¿Tu estrategia de influencia es un plan anual de verdad… o un calendario de acciones camuflado? Un plan real construye valor acumulado con una red de socios. Un calendario vuelve a empezar de cero en cada temporada alta.
¿Cuántos de tus creadores siguen trabajando contigo de un trimestre a otro? Si no puedes responder, el problema no es la creatividad de tus campañas; es la infraestructura que las sostiene.
Reconciliar los resultados económicos y la imagen de marca no es un mero compromiso de gestión. Es aceptar que el uno ya no puede existir sin el otro y decidirse, por fin, a demostrarlo de forma continua a través de los datos.
Por Alexandre Dos Santos, CEO de Affilae
Tribune initialement publiée dans TOP/COM, le 7 juin 2026.
Fuentes y bibliografía del sector:
• TopRank Marketing / Sprout Social, B2B Influencer Marketing Research (2025)
• Archive, Brand Creator Collaboration Report (2026)
• Printful / Archive, Long-term vs One-Off Statistics (2026)
• Sprout Social, Influencer Marketing Report (2025)
• eMarketer, Creator Partnership Trends (2025-2026)
• Influencer Marketing Hub, Benchmark Report (2026)





